La dirigencia de Boca recibió una excelente noticia pensando en el próximo mercado de pases: el delantero Adam Bareiro completó sus trámites legales y obtuvo finalmente la ansiada nacionalidad argentina.
Con esta esperada resolución burocrática, el atacante deja de ocupar una plaza internacional dentro del plantel. Esto representa un alivio absoluto para la planificación. El reglamento actual de la Asociación del Fútbol Argentino establece límites claros para las incorporaciones. Los clubes pueden inscribir un máximo de seis futbolistas extranjeros en su plantilla profesional. Sin embargo, la normativa de AFA impone una restricción importante para los días de partido.
Solamente cinco de esos seis jugadores internacionales pueden firmar la planilla oficial simultáneamente. Tras la nacionalización del goleador, el Xeneize se ajusta perfectamente a estos números en el día a día. Actualmente, la institución cuenta con exactamente cinco futbolistas nacidos fuera del territorio argentino.

La lista de internacionales está encabezada por figuras como el uruguayo Edinson Cavani y el paraguayo Ángel Romero. Ambos atacantes tienen contrato vigente con la institución hasta diciembre de 2026. En esa misma situación contractual, con vínculo hasta fines de 2026, se encuentra el español Ander Herrera. Por su parte, el chileno Carlos Palacios cuenta con un contrato a largo plazo hasta diciembre de 2029.
El quinto lugar de esta nómina pertenece al lateral uruguayo Marcelo Saracchi. El defensor culmina su préstamo en el Celtic de Escocia y deberá reincorporarse a las filas del club el 30 de junio, aunque la dirigencia tiene intenciones de que vuelva a salir en este mercado y apunta a venderlo para que deje de ocupar un lugar.
Esta liberación le permite a Boca ir en busca de algún refuerzo más del extranjero en un mercado de pases que estará atado a lo que decida el nuevo cuerpo técnico comandado por Rodolfo Arruabarrena, quién iniciará su segundo ciclo al mando del equipo.
Boca espera por el Vasco para buscar refuerzos
La llegada de Rodolfo Arruabarrena a la dirección técnica marca un punto de inflexión estructural de cara al próximo mercado de transferencias. A diferencia de lo que venía sucediendo, el nuevo entrenador tendrá una injerencia directa, profunda y determinante en todas las negociaciones. Su rol no se limitará a pedir posiciones a reforzar, sino que será el encargado de apuntar los nombres específicos a buscar.

Hasta este momento, el modus operandi del club estaba fuertemente centralizado en el presidente de la institución y en el Director Deportivo, Marcelo Delgado. La metodología histórica consistía en acordar las zonas del campo a cubrir y, posteriormente, la dirigencia se encargaba de buscar las opciones disponibles. Esta dinámica, inalterable durante toda la era Riquelme, sufrirá una modificación sustancial.
Este nuevo paradigma empodera la figura del "Vasco", quien dejó en claro que su proyecto deportivo requiere un control exhaustivo sobre las incorporaciones. Al descentralizar estas decisiones, la institución apostará por priorizar los pedidos exclusivos del técnico, buscando conformar un plantel de jerarquía con los jugadores que él considera ideales para alcanzar todos los objetivos.
