El clima previo al duelo internacional entre Boca y Vasco da Gama sumó un capítulo de alta tensión organizativa en las últimas horas. Ante la imposibilidad de utilizar el estadio Maracaná, la entidad carioca busca a toda costa mantener la localía en São Januário. Sin embargo, el reducto no cumple con los requisitos normativos y la distribución de las entradas.
La intención del conjunto de Río de Janeiro choca de frente con el reglamento de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Imposibilitado de mudar la localía al recinto donde juegan Flamengo y Fluminense, el club cruzmaltino presentó un plan de remodelación exprés para ampliar la capacidad de su cancha.
A pesar de las reformas, el São Januário apenas lograría albergar a 27.000 espectadores, una cifra que resulta insuficiente ante los estatutos vigentes. La normativa de la CONMEBOL establece un piso mínimo de 30.000 ubicaciones para esta instancia del certamen, un requisito insoslayable para garantizar la seguridad y el espectáculo.


Boca exige las 4 mil entradas que marca el reglamento
El otro foco de fricción radica en el cupo destinado a los fanáticos que planean viajar a tierras cariocas. Vasco da Gama ofreció un paquete reducido de 2.700 localidades, supeditado a un acuerdo de reciprocidad por el mismo volumen cuando le toque visitar la mítica Bombonera.
Frente a esta propuesta, la cúpula Boquense se mostró categórica y rechazó de plano el ofrecimiento informal de la entidad brasileña. El conjunto de la Ribera exige formalmente la entrega de los 4.000 boletos que estipula el reglamento oficial, resguardando el derecho del simpatizante Xeneize a acompañar masivamente al equipo.


En las próximas horas, los estamentos rectores del fútbol sudamericano deberán dictaminar si aprueban la excepción edilicia o si fuerzan al combinado carioca a trasladarse a un escenario de mayor envergadura. Mientras tanto, en Boca esperan la resolución.

