Santiago Ascacibar vive un momento soñado. Su llegada a Boca no solo significó cumplir un anhelo familiar, sino también asumir el desafío más grande de su carrera. En una profunda e íntima entrevista con la revista oficial del club, el mediocampista abrió su corazón, analizó el presente del equipo, su sociedad en el mediocampo y dejó en claro cuál es su mayor ambición con la camiseta azul y oro.
El impacto de vestir los colores azul y oro se hace notar desde el primer día, algo que el volante experimentó en carne propia. “Boca es un mundo particular. Te lo describen, pero vivirlo es diferente. Uno tiene que estar preparado, porque son muchas emociones en muy poco tiempo”, reflexionó el mediocampista. A pesar de su reciente incorporación, confesó que la intensidad de la institución distorsiona el tiempo: “Pasaron tres meses desde que llegué, pero parece que fue una vida. La gente es muy demandante en el buen sentido: hay una gran intensidad en todo momento”.

Lejos de abrumarse, el Ruso disfruta cada instante de esta nueva etapa: “Desde un entrenamiento, cada partido, viaje, salida, la verdad que me encanta todo lo que está pasando y lo disfruto mucho”. Además, aclaró que su regreso al fútbol argentino fue una decisión meditada tras haber hecho carrera en el exterior. “Siempre me preguntaban cuándo se iba a dar, creo que llegué en el momento justo. Yo elegí volver rápido de Europa y no me arrepiento para nada. Quería vivir esta adrenalina, nuestro fútbol”, aseguró.
Esa misma adrenalina la trasladó al vestuario desde que pisó Brandsen 805, dejando en claro su objetivo. “Vine con esa mentalidad, con ese objetivo. Pensé: voy al club más grande de Argentina y tengo que darle lo mejor con todas las herramientas que fui incorporando desde chico”, relató. Su convicción fue tal, que su mensaje al plantel fue directo: “Se los dije a los muchachos el primer día cuando llegué: 'Tenemos un equipo para salir campeones'”.
La sociedad con Paredes y el equipo
Para sostener esa chapa de candidato, el funcionamiento del equipo es vital, y allí el mediocampo juega un rol central. Al referirse a sus compañeros, Ascacibar no escatimó en elogios para Leandro Paredes, con quien ha logrado una química especial.
“Jugar con Lean se hace mucho más fácil, está a la vista para cualquiera que mire fútbol”, destacó. Para el Ruso, el campeón del mundo tiene una visión de juego privilegiada: “Leandro ve todo. Juega con una altura como si lo hiciera desde un drone. Con mi estilo de juego tenía que estar atento porque con un movimiento ese tipo de jugadores te ve y te habilita".

Más allá de las individualidades, valoró el trabajo colectivo y la adaptación táctica del plantel. “Nos estamos acomodando muy bien. El fútbol moderno te pide morder, jugar, ser dinámico y tener la pausa necesaria”, analizó, y concluyó sobre el tema: “No es solo el medio: es el grupo que se está consolidando”.
Los clásicos y la energía de La Bombonera
Esa solidez grupal será fundamental para afrontar los partidos más calientes, escenarios en los que Ascacibar se siente a gusto. “Me gustan los clásicos porque te forman la personalidad”, afirmó con firmeza. Para el volante, estos encuentros son pruebas de fuego: “Son partidos que te terminan dando ese aplomo de personalidad, de carácter... tenés que estar todo el tiempo al 100%, metido”.

Esa conexión con la intensidad del juego se retroalimenta con el calor de la tribuna, algo que ya pudo vivir en carne propia. “Gritar el gol ante Barcelona en la Bombonera me transmitió un montón de cosas lindas por la euforia de la gente... Los hinchas tienen una energía muy positiva que contagia”, recordó con emoción.
Los referentes y los sueños por cumplir
El ADN bostero del mediocampista tiene su origen en casa. Sus raíces familiares cimentaron su pasión por el club y le marcaron el rumbo profesional. “Mi familia me inculcó el trabajo, el sacrificio y la humildad", confesó.
Revelando además el fanatismo que los une: “Vengo de una familia fanática de Boca. De chico fuimos mucho a la platea de la Bombonera... y ahora están demasiado felices de verme acá”. Incluso, recordó a un ídolo histórico de la institución que marcó su infancia por los relatos de su padre: “Mi viejo nos hablaba cada vez que podía de Giunta y lo que representa para Boca”.

Con ese legado a cuestas, a la hora de hablar de metas deportivas, el volante no se guarda nada: “Mi sueño es ganar todo en este club: la liga, la Copa Argentina, la Libertadores, el otro torneo, la anual y las dos finales”. Sin embargo, mantiene los pies sobre la tierra, advirtiendo que “igual esto no es cómo empieza, sino cómo termina” y que el único camino para el éxito “es el trabajo y el no conformarse”. Consciente de la autoexigencia, remarcó que “no es fácil ganar después de ganar... ahí es donde resulta clave la humildad del jugador”.
El Ruso, que a base de entrega y sacrificio ya comienza a meterse en el bolsillo a los fanáticos, confesó su máximo deseo personal en el Templo emulando a lo que ocurría con el ídolo: “Ojalá que algún día se pueda escuchar el 'Ruso, Ruso, Ruso, Huevo, Huevo, Huevo' en la Bombonera”.
Mientras tanto, convertido en el motor del equipo, cerró la nota con una sonrisa al bromear sobre su rol de "guerrero" en la cancha y cómo lo vive su familia: “A ellos seguro que les va a gustar que me lleve las espadas, el escudo y el casco para casa ahora, je”.
